Septenario de la Virgen de los Dolores

Función tierna, patética, sublime, capaz de conmover el corazón más empedernido y de escilar la fe en los espíritus más escépticos y desolados, es la que año tras año viene dando la Venerable Orden Tercera de la Congregación de Servitas a su Madre y Patrona Dolorosa, en las Escuelas Pías de esta ciudad. Las circunstancias del tiempo de Cuaresma, el hallarse la Iglesia casi al centro de la población y sobre todo, el objeto de tan solemnes cultos, la Virgen María Madre de Dios y de los hombres, arcano de ternura y de dolor, de intimidad para con Dios y de sacrificio para con los hombres, venerada en una bellisima imagen a la que el artista supo trasladar los sentimientos casi infinitos de amor y de dolorque sobre todos prevalecieron en el magnánimo corazón de la Señora en la vida pasión y muerte de su hijo Jesús, son sin duda ninguna el movil que atrae y llama al Septenario tan numerosa como escogida concurrencia pues que cuajado el ámbito del templo, rebulidas las tribunas una hora antes de empezar la función, muchos fieles tienen que volverse a sus casas poseido del mayor sentimiento por no tener cabida.

Se da al principio, para terminar el Viernes de Dolores, él sábado anterior al Domingo de Pasión, en el que se hace la magnífica Procesión por la carrera de costumbre, siendo tal la devoción de este religioso vencindario, que no hay categoría, edad ni condición, profesión ni arte en la sociedad, que no esté en ella representada, por un número de personas de ambos sexos.

Allí se ven en dos graves y dilatadas hileras con un cirio en la mano, alternando el artesano con el letrado, el rico con el jornalero, el noble con el plebello. Allí se ven lo sniños pronunciando con labio candoroso fervorosa plegaria que recibida por la mano de un ángelm es presentada ante el trono de nuestra Señora como el más agradable incienso que remontarse puede de la mansión del mortal: allí jóvenes de semblante modesto, allí ancianos de calva frente, allí varones provectos, todos acompañando la esbelta imagen ricamente vestida cuya actitud en ademán de mirar a Jesús en la cruz nadie puede contemplar sin sentirse poseido de la veneración más profunda.

El acto es presidido por la Junta de Hermanos de cargo y honrado por una comisión del Ilustre municipio.

Lo patético de la música y canto de la capilla, el andar grave, majestuiso, junto con el silencio y recogimiento de todos los asistentes, la multitud de luces que convierten la entrada de la noche en los albores de la aurora; ofrece un cojunto que el corazón no puede menos de latir a impulso de los sentimientos de la fe y ternura más acendradas. [ ... ]

Descrpción del Septenario de Nuestra Señora de los Dolores (1864).

Extraido del Boletín del Obispado de Barbastro, Abril de 1864